El dolor es más fuerte

Las mujeres juntaron bronca, juntaron coraje, juntaron fuerzas y fueron decididas a enfrentar y repudiar a quien poco más de un año y medio atrás les quitó a su amiga, a su compañera, de una manera sangrienta y brutal.

Llegaron a Tribunales en la hora más fría del día. Habían escrito carteles pidiendo "Justicia para Claudia" y jurando que no habrá "Ni olvido ni perdón". Son las excompañeras de trabajo de Claudia Rodriguez, asesinada en plena calle el 29 de setiembre de 2011 por quien era su pareja, Cristian Moschitari, en ese momento en proceso de separación. El caso se convirtió en un ícono de la lucha contra la violencia familiar y los femicidios en la ciudad de Villa María.




Con esa lucha encima -en la que no están solas-, ellas fueron a su encuentro. No lo había visto más desde que se entregó a la Policía, todo ensangrentado, tras matar a martillazos a la madre de sus hijos. Volver a verlo era un desafío, una forma de decirle que nadie olvida lo que hizo y que ellas estarán siempre para pedir Justicia. Era gritarle en la cara toda la rabia acumulada.

Pero nada de eso pudo ser.

Lo vieron entrar, mucho más flaco y demacrado de cuando fue encarcelado. Entró inmutable, sin los anteojos con los que todo el mundo lo conoció el día que mató a Claudia. Los policías lo escoltaron en una caminata rápida hacia los ascensores internos de Tribunales. Era el instante para sacar la bronca. Pero en ese momento sobrevino el llanto. Las mujeres que esperaron, pensaron, planificaron cómo repudiarle el femicidio cometido, no pudieron más que llorar. Se quebraron, se abrazaron, y en silencio se fueron alejando del lugar.

Volver a ver al asesino de su amiga no hizo más que reavivar el vacío dejado por Claudia, sentir la falta de su presencia, y sentir que a pesar de toda la rabia, toda la bronca, todas las marchas, todos los gritos y reclamos de Justicia, el dolor de no tenerla sigue siendo más fuerte.
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