Tránsito: Cuando represión no rima con educación


Los problemas del tránsito se solucionan con educación y conciencia, no con reprimenda y castigo. Eso me parece. Entiendo también que deber el camino más difícil. Y el menos rentable. Pero el que debería tomar un Estado si asume con responsabilidad la búsqueda de una solución a uno de los principales males del país. Villa María no es ajena a las fatalidades por malas prácticas conductivas.




La ciudad se llenó de esos lomos de burro o lomadas de color amarillo. El municipio los colocó a destajo. Son incómodos, entorpecen el tránsito y no garantizan la seguridad. La tarde del 27 de diciembre presencié un choque en la esquina de Santiago del Estero y Lamadrid (foto). En ese cruce, las dos calles tienen lomos, que nada hicieron contra la imprudencia de los conductores.

Supongo que su implementación busca menguar la imprudencia de los que no entienden que en las esquinas no se acelera, se frena. Pero hay que advertir que son los menos. De las decenas de miles de autos, motos y bicis que andan por la ciudad cada día, que choquen 10 o 15 cada jornada es ínfimo. Por esos mínusculos imprudentes, el resto debemos pagar el canon de circular por una ciudad repleta de barricadas. ¿Qué hacer? No sé. Pero la conclusión clara: pagan todos por unos pocos.

Además de colocar lomos de burro como no he visto en otra ciudad, la otra acción notable del municipio sobre el tránsito es el cobro de multas. El incremento de sus montos es una reacción típica tras algunos sucesos. Como si el temor a pagar más resultara disuasivo para las decenas de chicos que los fines se semana se pasean sin casco, sin luces, a contramano y a todo motor por calles y avenidas.

La unidad de multa en la ciudad es el litro de nafta súper de YPF. En el año 2000 costaba $ 3,89. En 2012, tasa vial mediante, llegó a $ 7,14. Casi el 100 % más, con lo que el valor de las mulas crecieron al menos esa proporción. ¿Hay cien por ciento menos de accidentes?

Se me ocurre que el proceso de educación es más efectivo cuando quien debe aprender algo tiene una buena consideración del educador. Le cree, lo valora. Si lo percibe como alguien que sólo actúa en la faceta de la represión y la recaudación, cualquier acción educativa se torna estéril. Es mi impresión de lo que ocurre en la ciudad. El conductor no percibe al municipio como un ente ejemplificador, sino castigador. Le huye, antes que escucharlo y aceptarlo. Y así andamos.
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