Chicos mal vistos por el Festival

Un joven agente policial estacionó el patrullero en Sarmiento y Alvear y se bajó para hablar con los tres chicos que limpiaban parabrisas en esa esquina. Lo vi en la siesta del martes 31 de enero. Si no fuera por el uniforme, parecían un grupo de amigos de edad similar conversando en la vereda. De mal pensado, supuse que se trataba de una advertencia proveniente de estas épocas festivaleras en las que vivimos.


Tres días después lo pude confirmar. Paré en otra esquina y le pregunté a uno de los tantos chicos que pasan su día limpiando vidrios de autos. ¿Cómo está la cosa con la policía?, quise saber. Acá todo bien, me respondió. Le conté lo que había visto el martes y le pregunté si tenían problemas para estar en la calle. Ahí si. Pero ya los largaron, me dijo.

Ya los largaron…? ¿Los habrán llevado demorados por limpiar parabrisas por unas monedas? Si están todos los días en distintos semáforos de la ciudad, ¿cuál es el problema ahora? Mi joven interlocutor me aclaró la duda: Mientras dure el Festival, en esa esquina no se puede estar, me informó. Unos minutos antes de esta charla había pasado por esa esquina un móvil policial para recordarles la disposición. En la esquina de la Terminal de Ómnibus no puede haber chicos limpiando vidrios.

Dejé el billete que me pidieron para la Coca y seguí viaje. Me preguntaba si la orden alcanzará otros puntos de la ciudad. Al fin y al cabo, el único problema con estos chicos que limpian vidrios es que se ven.
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