Qué hacer

En poco más de 24 horas, tres jóvenes de 17, 18 y 22 años, murieron en choques de tránsito en rutas de acceso a Villa María. En los tres caso puede advertirse la presencia de la elementos de imprudencia a la hora de conducir. Motos que viajan de noche sin luz, adolescentes que manejan sin casco, automóviles a alta velocidad en una ruta angosta y poblada de camiones. Y las vidas que se van sin que nada pueda hacerse al respecto. ¿No habrá nada que pueda hacerse?



Esta seguidilla de siniestros mortales debe volver a poner en el primer plano la discusión sobre el tránsito. No de nuevo las campañas con carteles y volantes, ni que vayamos por las escuelas enseñando las señales, ni que las cámaras nos filmen para cobrarnos la multa cuando pasamos en rojo. Hace falta algo más urgente, que nos involucre a todos, que deje de ser declamativo.

No hará falta pagarle a una consultora para que nos cuente que somos imprudentes, descuidados, despreocupados e incoscientes de lo que significa llevar una máquina de  hierro y chapa sobre un asfalto en el que muy probablemente, casi con seguridad, en algún momento alguien más se cruzará, persona o máquina, delante nuestro.

"Me desespera la impotencia", escribió Lili Prat al comentar en Facebook sobre una de estas muertes. Conocía a una de las víctimas y esto le tocó de cerca. Juan Manuel Villagra también dijo en su Twitter (@jmv334) que conocía a dos de los chicos muertos. La tragedia no ocurre a 10 mil kilómetros de aquí. Nos está pasando a nosotros.

"No es casual", advierte en Facebook Cuini Chiapero, que pasen estas calamidades en "una sociedad acostumbrada". Nos acostumbramos a convivir con la muerte violenta y de tan cotidiana nos resulta esperable, casi normal, que un chico de 17 vaya en moto, sin luz, sin casco, y pegue con su nariz en el asfalto para dejar ahí su incipiente vida. Cada muerte como estas hace que valga de nada todo lo que se pueda haber hecho para prevenirlo.

Está muriendo gente. No podemos seguir como si nada. El estado municipal recauda cientos de miles de pesos por infracciones en muchos casos devenidas de cuestiones administrativas, como la falta de un permiso o un papel. Hay recursos y gente suficientes para ponerse a trabajar en serio. Pero sólo se podrá lograr el cambio si nos metemos entre todos a tratar de parar esta matanza en nuestras calles. Si ponemos verdaderamente el foco esto, allí sabremos qué hacer.

P.D: En marzo de 2008, en Villa María hablábamos de esto. Qué poco ha cambiado en tres años y medio.
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