El "bomberito" que alertó al pueblo y evitó una tragedia

Hay situaciones que a los chicos los hacen crecer de golpe. Y eso implica saber qué hacer en un estado límite. Lorenzo Stefani es uno de los estudiantes del Ipem 218 Juan Bosio de Pasco que, cuando se desató el incendio que destruyó el internado, supo claramente cuál era su misión.

Tiene 17 años y cursa el cuarto año. Se había puesto la remera del uniforme y estaba por salir hacia el colegio, a media cuadra de su casa, cuando sintió una explosión. “Salgo a la calle y veo que sale humo de las ventanas. Los chicos del internado estaban desesperados. Hubo otra explosión y apareció el fuego”, contó el estudiante.


En ese momento comenzó a correr lo más rápido que pudo. A dos cuadras de allí está el cuartel de bomberos, el mismo al que va todas las semanas desde que tiene cinco años. Convertirse en un servidor público es su pasión. Todavía es muy chico para enfrentarse a las llamas. Pero tenía claro cuál era su rol. Debía llegar a prender la sirena. Alguien tenía que dar la voz de alarma. En pocos segundos puso en alerta a todo el pueblo y el cuerpo de bomberos en pleno llegó para hacerse cargo de las llamas, mientras llamaban a dotaciones de pueblos vecinos.

Lamentablemente no pudo hacerse mucho para salvar el internado. En un puñado de minutos se quemaron camas, colchones, sábanas, la ropa de los chicos, una biblioteca entera, muebles y documentos de la escuela, además de la sala de computación, televisores, equipos de audio y una sala de lectura.

Las pérdidas fueron tan grandes como el dolor de cada habitante al ver destrozada la esquina del Ipem 218. Con especialización agropecuaria, la escuela es la principal fuente de formación de los chicos de la zona y una de las mejores equipadas de la provincia.

Hacía más de dos décadas que venían pidiendo al Gobierno de Córdoba un nuevo internado. Tienen el terreno para hacerlo. Nunca tuvieron el nuevo edificio, ahora tampoco tienen el viejo, destrozado por las llamas. “Esto es un bajón muy grande”, dijo Lorenzo, sintetizando el pesar de todos.

Los 48 chicos que duermen en el internado estaban en las aulas cuando comenzó el incendio y fueron alertados por los gritos de otros alumnos que llegaban. “Estaba todo prendido fuego”, contó Álvaro Campos, de quinto año, oriundo de Ticino. A pesar del miedo, pudo entrar y salvar el cofre en el que tenía su ropa. Lo mismo intentó Alejandro Sánchez, un chico de Sanabria que va a cuarto año. Pero no pudo evitar que parte de su ropa se hiciera humo. A otros no les quedó nada.


Entre los chicos comentaban que un cortocircuito en un ventilador podría haber causado el fuego. El comisario mayor Sergio Acosta no quiso adelantar hipótesis y pidió esperar los peritajes. “Aparentemente es accidental”, agregó finalmente.

Pasado el mediodía sólo quedaban cenizas. Los obreros que salían de las fábricas pasaban a ver los restos de la escuela. Los vecinos seguían consternados. Lorenzo seguía ahí, con su casco y sus botas de bombero sobre el uniforme escolar. A pesar del cansancio, no abandonó su puesto sobre la ruta. Toda la mañana estuvo desviando autos y camiones para que el resto de los bomberos pudieran terminar de trabajar sin mayores riesgos. Su compromiso, junto al de muchos otros en Pasco, hizo que la tragedia no fuera peor.

Nota publicada en La Voz del Interior, el miércoles 13 de abril de 2011.

Al publicarse la nota, a Lorenzo lo llamaron de Cadena 3 y le hicieron esta nota.

La lucha por un edificio nuevo para el Ipem
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