Las "señales" de Mariela

El caso sobre la desaparición de Mariela Bessonart ha logrado una repercusión mucho mayor que otros hechos similares en el país. A tres años de ocurrido se ha transformado en un candidato firme a ser uno de los grandes e indescifrables misterios de la historia policial y judicial argentina.

En su entorno se tejen varias especulaciones y no quedaron fuera de esto los videntes y las supersticiones. Hablando con sus conocidos y viendo imágenes de Mariela, aparecen tres "señales" que cualquier constructor de relatos fantásticos podría considerar avisos del fatal desenlace.

Una de ellas es la pintura que ilustra este post, realizada por Judith Gretel Figueroa, un mes antes de la desaparición. Dicen que la artista, dúctil en retratos, encontró enormes dificultades para pintar a Mariela. Ella quería aparecer acostada, con flores. En el cuadro, que había colgado en su dormitorio, se la ve con un fondo oscuro, como de un ocaso. Por si fuera poco, la artista agregó un detalle más que significativo: una cruz con un Cristo (en la imagen se ve una parte).

Hay otra imagen, una fotografía que guardan sus allegados, en la que Mariela posa feliz junto a un grupo de amigas en un viaje que hicieron. Detrás de ellas hay un cartel con números y letras. Justo sobre la cabeza de Bessonart aparece como apoyado un número: el 48, que en la creencia quinelera se vincula a la muerte.

La otra increíble historia la protagoniza una perra. Entre los desesperados recursos por dar con Mariela, amigos y familiares fueron de una "vidente", quien insistía que en sus sueños se le aparecía una perra negra. Cuando esta señora fue un día a la casa de la mejor amiga de Mariela se encontró en vivo con su revelación: "Esa es la perra con la que sueño", dijo. El animal había aparecido en la puerta de esa casa el mismo día que Bessonart despareció, y nunca más se fue.
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